Voluntariado en Grecia – Parte II

(Esta entrada es la continuación de Voluntariado en Grecia – Parte I )

¡Hola de nuevo a toda la gente linda que me lee!
Escribo desde el ferry: parezco una bloguera famosa de ésas que no tienen tiempo para nada. Este verano me decidí a irme de voluntaria al extranjero, por eso no paro. Me gustaría mucho que quienes os lo estáis pensando podáis llegar a conseguirlo y por eso me parece importante compartir algunas de mis impresiones. Ojalá no hiciese falta nada de lo que hacemos y los únicos viajes solidarios fuesen para asistir en catástrofes naturales (aunque, puestas a formular deseos, ojalá no hubiese nada de eso tampoco…)

Todavía me quedan muchas cosas que contar, así que aquí vamos:

La semana que pasamos en Thessaloniki estuvo llena de sensaciones encontradas, como cabía esperar. Aún así, conseguí no dejarme llevar por la frustración y disfrutar de cada pequeño momento que teníamos para actuar, en la medida en que pudiéramos. Los voluntarios y voluntarias no sólo dábamos sino que también recibíamos mucho cariño y aprovechábamos para recopilar información y testimonios y así hacernos una idea más clara de la situación real de las personas refugiadas. De hecho, creo que por la corta duración de la estancia no ha sido tan importante lo que haya podido hacer yo sino todo lo que he integrado y lo que ha cambiado mi visión de las cosas. Es necesario estar allí, atravesar la pantalla del televisor de casa para mirar bien a los ojos a quienes te cuentan sin ningún tapujo su tremenda historia y acto seguido te dan la mano para bailar o bromear. Acabo de buscar en el diccionario el significado de coraje, pero para definirles a ellos es necesario inventar un vocablo nuevo.

Lo curioso es que estando en Thessaloniki nos dijeron que otra organización necesitaba urgentemente un médico en Lesbos (¡yo viajaba con una médica!) y por lo tanto nos invitaron a irnos a la isla para seguir ayudando allí. Por supuesto nos lo pensamos muchísimo. Nos parecía una locura coger otro avión cuando acabábamos de llegar y todavía nos estábamos adaptando a todo. Pero si habíamos emprendido este viaje precisamente para ayudar a quienes más lo necesitaban, ¿nos iban a frenar unos cuantos kilómetros más? Allá nos fuimos con la nariz pegada a la ventanilla del avión, disfrutando del paisaje y de las vistas de las islas Griegas allá abajo ¡Una auténtica pasada! Una vez en tierra, la primera impresión del paradisíaco lugar tampoco nos dejó indiferentes.

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En algún rincón de la isla de Lesbos

Bridget (una adorabilísima enfermera australiana que conoceréis en el próximo vídeo) nos esperaba con la mejor de la sonrisas para enseñarnos el lugar y darnos las primeras instrucciones. Llegábamos nerviosas, preparadas para la acción, pero resultó que nuestros dos primeros días fueron de descanso, pues la clínica estaba cerrada los fines de semana. Visitamos la isla con otras dos voluntarias, al principio sintiendo cierta culpabilidad, porque no estábamos allí para eso, pero en seguida nos sentimos a gusto y disfrutamos a lo grande bañándonos en el Mediterráneo y comiendo ensalada griega (¡al cabo de una semana el queso feta me salía por las orejas!). Precisamente cuando escuchas tantas historias tristes te apetece disfrutar al máximo de cada pequeño momento y agradecer todo lo que tienes. Saber que otra gente sufre no debe paralizarnos sino llenarnos de fuerza y de energía para seguir adelante comiéndonos la vida e inventando cada día nuevas formas de mejorar lo que nos rodea. Al volver de Molyvos decidimos parar en el cementerio de chalecos salvavidas, sobre una colina, y ahí la realidad nos golpeó de nuevo después de nuestro fin de semana idílico. Este lugar es terrible, cada chaleco representa una vida que ha terminado ahogada en el mar, intentando llegar a tierra para vivir una vida digna, lejos de las bombas, la hambruna y/o la pobreza. No había silencio, se oían grillos como en toda la isla y el hedor era insoportable porque estábamos al lado de un basurero. Si el infierno existe se parece a eso. Nos miramos y nos dijimos, encogiéndonos de hombros, “por eso estamos aquí”. Vi una concha pequeña en el suelo y me la metí en el bolsillo. Pensé: “la concha me recordará este sitio”. No sé dónde está esa concha ahora, pero da igual, nada hará que lo olvide.

Cementerio de chalecos salvavidas, Molyvos (Isla de Lesbos). Julio 2017

La organización DocMobile, donde colaboramos, ofrece asistencia sanitaria sin coste a las personas refugiadas en Grecia. Dos días por semana se desplaza a edificios ocupados ilegalmente (más conocidos como squats) donde habitan personas que no quieren vivir en los campos (por diversos motivos, por ejemplo la falta de libertad) y los otros tres días ofrece asistencia en la clínica de un Centro Comunitario maravilloso llamado One Happy Family (os enseñaré imágenes de este sitio en un vídeo y os recomiendo que leáis la descripción en su página de Facebook porque es genial). Los residentes de los campamentos de Moria o Kara Teppe pueden llegar allí tras media hora o cuarenta minutos de caminata y recibir cuidados médicos primarios (para tratar congestiones nasales, cortes poco profundos, problemas de indigestión, conjuntivitis,…) además de medicamentos. Mi trabajo consistía principalmente en hacer de intérprete entre la doctora y los pacientes. Me sorprendió descubrir que había tanta gente de África; mis conocimientos de francés fueron finalmente muy útiles.

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Niños y niñas de familias refugiadas jugando con una voluntaria. Julio 2017

One Happy Family Community Centre es un lugar increíble… Entre todos han ido construyendo, desde febrero de este año, un lugar de encuentro acogedor y lleno de vida en la zona de Thermi: la gente de Argelia creó la cafetería, la gente de Etiopía y de Egipto creó un cine; la gente de Marruecos preparó un espacio para fumar shisha; la gente de Nepal construyó las largas mesas del comedor en madera; la gente de Siria y Ghana pintó murales en las paredes; los afganos y afganas, junto con los iraníes y las iranís colaboraron en la construcción de la escuela mientras alguna gente de Israel y Palestina recorrió los campos buscando a profesores y profesoras que quisieran enseñar; la gente del Congo montó una tienda de ropa a medida, la gente de Mianmar se encargó de cocinar y empezó a preparar comida deliciosa y la gente de Túnez empezó a ocuparse del jardín, plantando flores y hierbas.  Este lugar es mágico porque está creado POR la gente y no únicamente PARA la gente. Swisscross.help empezó este proyecto con la convicción de que si ofrecían a las personas refugiadas un espacio seguro donde todas fueran aceptadas, éstas podrían coexistir juntas y trabajar por el bien común, como una comunidad humana equilibrada. Hoy en día es algo más que eso; como su nombre indica, todos forman una feliz y gran familia.

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Cafetería del Centro Comunitario One Happy Family en la isla de Lesbos. Julio 2017

Llegar a ese lugar o marcharse de él siempre era una experiencia agradable, porque quien nos veía aparecer nos saludaba con una sonrisa y los brazos en alto, preparados para contarnos algo, y quien nos veía irnos nos deseaba un feliz día y nos preguntaba si volveríamos a vernos al día siguiente. Mucha gente allí tiene un gran sentido del humor, ¿cómo puede hacerte reír alguien que ha pasado recientemente por semejantes calamidades? ¿de dónde sacan tanto positivismo?
A veces nos preguntaban si teníamos sitio en el coche para que les acercáramos a los campamentos, que como decía, están un poco lejos caminando. En una ocasión llevamos a una mujer congoleña y a su bebé hasta el centro de Mytilene para coger un autobús al campamento de Pikpa. Nos contó que el hijo lo había tenido después de haber llegado. Aquella criatura oscura y pequeñita descansaba sobre su pecho ajeno a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Le llenamos la maleta de plátanos y más agua de la que ya tenía; la mujer iba cargando con más de 10 kilos en su espalda. Nos despedimos preguntándonos si llegaría a su destino y si conseguiría algún día el asilo en un país seguro para ella y su niño. Cuando nos cruzábamos con alguien así se nos partía un poquito el corazón e intentábamos seguir con nuestro día como si nada. Pero al llegar la noche yo siempre pensaba en esas personas un poco más detenidamente y me daba cuenta de lo injusto que es el mundo que hemos construido. Toda la miseria de esos países es culpa de un sistema que nos hace creer que “aquí arriba” somos el centro del universo y que necesitamos tener más, comprar más, saber más, controlar más, ser mejores y más guapos mientras medio mundo se muere de hambre o se pudre en el olvido sin poder disponer de sus propios recursos. Hay caras e historias que no se me van a olvidar nunca y espero que me sirvan de motor para convertir la rabia en acción.

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Kate, Alice, Paula, Andrea y Bridget. Voluntarias en Lesbos. Julio 2017

La mayor sorpresa del viaje fue encontrarnos a tantas personas de todo el mundo echando una mano en muchas actividades diferentes que ni imaginábamos que pudieran ser necesarias (por ejemplo, instalando carpas para proveer espacios de sombra en los campamentos, ya que el sol apretaba mucho). En Lesbos seguimos encontrándonos también con muchas personas jóvenes. Nos encantó conocer la sede de Médicos Sin Fronteras en Mytilene (una gente verdaderamente encantadora con quien compartimos una buena charla). También tuvimos la oportunidad de asistir a una de las reuniones semanales que organiza ACNUR con las organizaciones que actúan en el terreno para ponerlas al día con nuevos datos de interés. Como días antes había tenido lugar una gran trifulca en el campamento de Moria, donde algunos residentes plantaron fuego a una de las tiendas, las organizaciones pedían respuestas sobre la mejora de la evacuación y seguridad para los residentes, entre otras cosas. Ya os podéis imaginar que en los campamentos están tan desesperados que a veces buscan maneras de llamar la atención y demostrar su frustración y desconecto por llevar allí más de 10 meses o por ver a algunos compañeros injustamente en prisión antes de ser deportados. Mientras nosotras estuvimos allí hubo incluso gente haciendo huelga de hambre para protestar por la mala acogida y abandono de la Unión Europea para con los refugiados en Grecia.

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Gente protestando en el centro de Mytilene por sus compañeros arrestados en la prisión de Moria (Julio 2017).

La verdad es que ojeo todas las fotos y me dan ganas de seguir contándoos un montón de anécdotas, pero me da miedo aburriros con una entrada tan larga; sé que pocos de vosotros llegaréis hasta el final.

Creo que con esto ya os he contado lo más importante del viaje, si bien me quedan mil experiencias en el tintero, mil nombres en la punta de la lengua, mil momentos por describir, muchas sensaciones, algunas lágrimas que echar cuando en el telediario hablen de todos nuestros amigos como una masa de extranjeros sin rostro, ni identidad ni derechos… Supongo que irán saliendo poco a poco en las semanas venideras, en el blog o alrededor de un café que comparta con alguien. Los viajes así no se digieren en pocos días, ésta es una pastilla que irá surtiendo efecto poco a poco. Yo creo que ya me está transformando.

Si alguien está leyendo este blog porque se está planteando un voluntariado parecido, sólo puedo decirle que “¡Adelante con ello!”. A pesar de las dudas, los nervios, el caos, la tristeza, en ocasiones… A pesar de todo eso, cuando estás haciendo algo tan bonito, tan verdadero, puro y primitivo como ayudar a otro ser humano en apuros a sentirse mejor sientes una especie de cosquilleo eléctrico en el estómago que nace en el nudo de tu garganta y se alarga hasta tus pies. En ese momento, medio hipnotizada por una sonrisa y unos ojos que parecen mirarte desde un espejo, te das cuenta de que no hay ningún lugar en el mundo donde prefieras estar y que aunque el mundo se terminase al día siguiente te da igual, porque estás haciendo la única cosa importante que has venido a hacer aquí.

Gracias por leerme y buenas noches,

Andrea

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2 comentarios en “Voluntariado en Grecia – Parte II

  1. Andrea, sinduda esta parte es mil veces mejor que la primera. SUpongo que en la primera hablaste más de la parte práctica, de cómo llevar a cabo el voluntariado y apenas te dio tiempo a entrar en detalles.

    Ni me puedo imaginar la tristeza que pudiste sentir al ver tantas situaciones de injusticia… Al estar en esos lugares llenos de malas experiencias… Aunque entiendo lo reconfortante de tu experiencia y todo lo que has aportado en tan poco tiempo. ¡Qué bien que hayas ido con “una médica” y que bien traído! :)

    Me ha encantado y me parece una píldora de vitaminas para quien se lo piense. Comparto!! :)

  2. Sí, yo también soy consciente de que esta segunda parte la escribí con mucho más tiempo y dejándome llevar más por las emociones. Supongo que ésa es la diferencia entre un blog personal y una página de noticias sin más :-) Gracias de nuevo por tu tiempo y tu retroalimentación. ¡Muack!

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