Querido Enero: brotes

“Querido Enero:

Todavía me despierto pensando en ti y el calendario me devuelve a la realidad en cuanto me levanto. Las horas pasan y pasan las semanas también. Es raro que ya no estés, te has ido demasiado pronto.
Llegaste, como casi siempre, cuando me encontraba rodeada de las personas más importantes. Te recibí contenta y esperanzada, vestida de gala incluso, mientras repartía besos y achuchones. Me lancé a tus brazos nada más verte, con una copa de champán en una mano y con la otra cruzando los dedos para no tropezar al abordarte. Y, en cuanto te toqué, me invadió la melancolía. Tú representas el futuro, apareces con un manto muy apetecible de meses que te siguen, pero cuando entras me veo obligada a cerrar la puerta a lo viejo, para concentrarme en tus colores. Me intimidas, Enero, siempre esperando un cambio en mí, una mejora de algún tipo o, por lo menos, el compromiso de intentarlo.
Tu personalidad fría ha llenado los rincones de mi casa y de toda la ciudad. Por ti me he pasado muchas tardes bajo la manta, saboreando tus melodías invernales en soledad, mientras pensaba. La soledad te gusta casi tanto como los dulces.
Pero sé que eres gélido sólo por fuera, ya que me ofreces el tiempo necesario para llenarme de valor antes de afrontar todo lo que viene después de ti. Eres dulce y amargo, debo decir: empiezas ofreciéndome la compañía cálida de los míos y después me arrojas a las aventuras para las que nunca me siento preparada. Eres enemigo y aliado; contigo todo termina y todo empieza. Me recuerdas las cosas que no he logrado pero me susurras que debo volver a intentarlo, porque puedo. Entonces, siento tu aliento de chocolate con churros y me olvido de la temperatura y del miedo. En tus brazos trazo el plan para atravesar el resto de etapas de la manera menos accidentada posible. Meces mis pensamientos con música de otro siglo.
Tu fugaz visita siempre me hace temblar, pero gracias a ese movimiento broto.
Enero, te perdono y te agradezco que, de nuevo, hayas venido.”


Hace un tiempo descubrí que la youtuber y poeta Albanta Sanromán escribía cartas a los meses pasados y me pareció una iniciativa genial para tomar un poco de perspectiva y hacer repaso de las cosas buenas y malas que nos brinda cada momento. Este año vuelvo a intercambiar cartas con algunas amistades que están lejos, utilizando el sistema tradicional de envíos postales. Me he acordado entonces de lo que hace esta chica y me he dicho: ¿por qué escribir sólo a personas?

Cualquier excusa es buena para sentarse a escribir :)

Andrea

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