Cómo hacer amistades en una ciudad nueva

¡Por fin es viernes!

Toca hablar de vida social, de diversión, de dejar un poco atrás nuestra frenética rutina… Bueno, a menos que trabajes en la restauración. Algún día tendremos que hablar también de lo incomprendidos que están los camareros y camareras de nuestro país.

Como ya sabrás (si no tienes nada mejor que hacer que ver mis fotos de Instagram), he pegado un salto de nuevo y ya no estoy en Galicia. Ahora que tengo que empezar a construir desde cero mi círculo de amistades, me he dado cuenta de que voy mejorando en ciertas cosas y que quizás merece la pena compartirlas aquí, porque ¿acaso no sois quienes me leéis también un poco saltimbanquis?

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Mundaya: Bolsos naturalmente gallegos

¡Muy buenos y otoñales días!

Ya sabéis que siempre me gusta hablar de marcas que producen localmente, pero ahora que se acerca la Navidad y que vuestras ansias de consumo se van a multiplicar por cien en unas semanas, me parece más importante que nunca recordaros que el origen de las cosas que compramos sí importa ¡y mucho!

Hace un par de meses me llegó un maravilloso correo de Mundaya en el que me presentaban esta marca nacida en Santiago de Compostela. Cada uno de los bolsos en venta están cosidos manualmente por su creadora, Lara Santomé y compuestos de materiales naturales (cuero con curtido vegetal*, arpillera, madera,…) pero es que, además, son preciosos. ¡Haz click AQUÍ para echar un ojo a sus diseños!

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One Happy Family: un hogar con las puertas siempre abiertas

EL OASIS COLABORATIVO PARA LAS PERSONAS REFUGIADAS DE LA ISLA DE LESBOS

¡Buenas noches, camaradas!
He estado súper ocupada últimamente (os contaré qué se siente siendo acompañante de estudiantes en el extranjero, desde luego otra experiencia digna de una entrada de blog…)

Hace poco os conté mi experiencia como voluntaria en Grecia e hice una mención especial al centro comunitario One Happy Family. Hoy quiero enseñaros algunas imágenes de este sitio para que entendáis un poco mejor mi fascinación por este proyecto. Cuando estuve allí aproveché también para entrevistar a la encantadora Bridget Chivers; una enfermera jovencísima que ha cruzado medio mundo para trabajar al servicio de los demás en esta crisis de refugiados, y con la que hemos tenido la suerte de colaborar. Repito lo que ya dije en mi entrada anterior sobre este lugar, para refrescaros la memoria:

“Los residentes de los campamentos de Moria o Kara Teppe pueden llegar allí tras media hora o cuarenta minutos de caminata y recibir cuidados médicos primarios (para tratar congestiones nasales, cortes poco profundos, problemas de indigestión, conjuntivitis…) además de medicamentos. Mi trabajo consistía principalmente en hacer de intérprete entre la doctora y los pacientes. (…)

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Voluntariado en Grecia – Parte II

(Esta entrada es la continuación de Voluntariado en Grecia – Parte I )

¡Hola de nuevo a toda la gente linda que me lee!
Escribo desde el ferry: parezco una bloguera famosa de ésas que no tienen tiempo para nada. Este verano me decidí a irme de voluntaria al extranjero, por eso no paro. Me gustaría mucho que quienes os lo estáis pensando podáis llegar a conseguirlo y por eso me parece importante compartir algunas de mis impresiones. Ojalá no hiciese falta nada de lo que hacemos y los únicos viajes solidarios fuesen para asistir en catástrofes naturales (aunque, puestas a formular deseos, ojalá no hubiese nada de eso tampoco…)

Todavía me quedan muchas cosas que contar, así que aquí vamos:

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Voluntariado en Grecia – Parte I

Son muchas las razones por las que me apetece compartir aquí la experiencia vivida en Grecia: en primer lugar, porque escribir sobre las cosas que veo y siento me resulta apasionante (sobre todo si se trata de un aventura de este calibre); en segundo lugar, porque el relato podría ser útil o interesante para quienes se estén planteando realizar un voluntariado parecido o para quienes simplemente tengan curiosidad, y por último, porque en ese país he conocido a decenas de personas maravillosas que trabajan desinteresadamente para que otros estén mejor, y ya sabéis que en este blog las historias de superhéroes cotidianos son más que bienvenidas.

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Dos hormiguitas que se van a Grecia

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Photo by Alex Blăjan on Unsplash

¡Qué valiente eres!

Ya me habían dicho esta frase hace 3 años, cuando me fui a Irlanda a buscar trabajo sin ningún contacto, pasando las primeras noches en un albergue cualquiera, mandando el currículum a diestro y siniestro y contestando llamadas que ni siquiera comprendía. Por entonces ya me parecía exagerado decir que aquello era valentía. Eran más bien ganas de cambio, de mejora y de aventura. Estaba en un país europeo, en una ciudad segura y con una cultura muy parecida a la mía ¿Qué podría ir mal? Si las cosas se ponían feas (es decir, si me daba cuenta de que el sabor de la Guinness no me convencía o que llovía demasiado) AerLingus me permitiría volar a Madrid por un módico precio de 50 euros. Podría después cruzar la meseta en tren escuchando alguna música melancólica y mirando por la ventana, hasta que el cambio de color en el paisaje me indicase que ya estaba en casa. ¡Punto! Sigue leyendo “Dos hormiguitas que se van a Grecia”

San Juan 2017

Viñeta San Xoán - Superhéroes Como Tú

Esta viñeta está en gallego pero creo que se entiende perfectamente. Lo que esa chica está haciendo es presumir en sus redes sociales del maravilloso lugar en el que vive mientras deja la playa hecha una pena. Por desgracia, me he basado en hechos muy reales…

Esta noche de San Juan nos va a tocar ver muchas cosas así. Yo respiro hondo y me voy preparando para zambullirme en un verano lleno de turistas poco conscientes, pero tengo un par de proyectos muy chulos que me ayudarán a ser parte de la solución. Seguiremos informando…

Un abrazo,
Andrea

Guía de supervivencia para la vida real

Con este vídeo Miguel y yo nos presentamos al concurso #Youtubeiros e #Youtubeiras, que pretende llenar YouTube de vídeos en gallego.

Esperamos que os guste nuestra pequeña crítica en clave de humor. ¡Que el mundo real y sin filtros no os pille desprevenidos!

Un abrazo,

Andrea

Mi experiencia como voluntaria

Hace mucho que vengo hablando sobre diferentes asociaciones o iniciativas, pero nunca había contado mi experiencia como voluntaria. Ya han pasado más de diez años desde la primera vez que colaboré en la sección de Juventud de Cruz Roja Española y desde entonces no he parado; en este vídeo os cuento cómo me siento y por qué no quiero dejarlo. Hacer voluntariado cambia muchas vidas, las de quienes ayudan y las de quienes se dejan ayudan.

¿Quién no tiene una hora libre a la semana?

Un abrazo,
Andrea

A Superhero Like You ♫

¡Ésta podría ser la Banda Sonora de Superhéroes Como Tú!

Cuando empecé a hacer vídeos no sabía que existía una biblioteca de YouTube con música sin derechos de autor, así que decidí crear mi propia música de fondo. Es verdad eso de que la necesidad nos hace ser más creativas… Es una canción sencilla pero resume muy bien lo que busco con este pequeño proyecto.

Años después de eso convencí a mi querida compañera de coro Andrea Iglesias para que se pasara por casa una tarde y la grabáramos juntas. Y… voilà! Ahora puedo enseñárosla entera. ¿Os gusta?

La próxima vez, con más luz y más tiempo,

Andrea

Poco o nada impresionante

Superhéroes como tú Andrea Goro
Bretaña Francesa en 2016

¿Queréis que os cuente una mentira muy grande? Crecer y hacerse mayor es admitir que no es posible hacer todas las cosas maravillosas que queríamos hacer; es agarrarse a lo que es fácil y práctico, abandonar nuestras pasiones y luchar por las de otra gente a quien ni siquiera le importamos.

Digo que es mentira porque yo creo que crecer de verdad es saber adaptarse a las limitaciones que te va poniendo la vida sin perder de vista lo que de verdad te importa. A cada persona le importan unas cosas diferentes, claro. Por ejemplo, a ti te puede parecer que el verdadero sentido de la vida está en esforzarse por fundar una familia enorme, unida y llena de salud; a aquél le puede parecer que lo mejor es vivir en pleno contacto con la naturaleza, en una isla cálida y tranquila, con la única obligación de buscar comida y resguardarse del frío por las noches y a aquella otra le puede apetecer pasarse años estudiando en las universidades más prestigiosas para ser la primera humana en vivir en Marte. Por supuesto estas aspiraciones no tienen por qué ser invariables a lo largo de los años, pero el caso es que una vez que tenemos algo en mente y decidimos conseguirlo, todos encontraremos más o menos obstáculos que van a hacer que modifiquemos el objetivo final. Éste se va transformando en algo más alcanzable y realista conforme vamos madurando (pues la imaginación no tiene límites cuando somos niños o adolescentes). Pero que nos adaptemos a las circunstancias no significa que estemos cambiando drásticamente nuestro proyecto vital.

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SomosOcéano: ropa riquiña y sostenible

¡Buenas tardes!

Sigo empeñada en mostraros marcas de ropa que merecen una oportunidad, ya que fabrican sus prendas prestando especial atención al impacto que causan en el medio ambiente (con intención de reducirlo al mínimo) y se preocupan de que las personas que las cosen trabajen en condiciones dignas.
En este caso, no he tenido que irme muy lejos para entrevistar a Ana, que desde Vigo nos explica por qué SomosOcéano es diferente.

La industria de la moda está cambiando gracias a pequeñas iniciativas como ésta.

¡Espero que os guste!
Andrea

Lápices y Colores viaja a Nepal

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Me sorprendió enterarme de que un viejo amigo de la universidad se había ido el año pasado a Nepal para colaborar con el proyecto de reconstrucción de una escuela de primaria. Digo que me sorprendió porque durante nuestros años de facultad nunca le había relacionado con la cooperación internacional o la ayuda humanitaria. Sabía que trabajaba en un banco y que viajaba regularmente por Europa, pero no me esperaba encontrarlo posando sobre un elefante o rodeado de diminutos colegiales sonrientes a punto de recibir un montón de ropa llevada desde Galicia.

Sentí mucha curiosidad por saber qué le motivó a emprender ese viaje. El pasado verano, en la playa de Samil, contestó a mis preguntas con la amabilidad y la frescura que le caracterizan, poniéndome al corriente sobre la actividad de la asociación LÁPICES Y COLORES, de la que desde 2015 forma parte.

Andrea: ¿Quién está detrás de Lápices y Colores?
Miguel: Lápices y Colores está compuesto por todas y cada una de las personas que han decidido aportar su granito de arena a alguno de nuestros proyectos. Hablamos de cientos de personas que a nivel local y regional son las auténticas responsables de muchas sonrisas y un futuro mejor en otros rincones del planeta. Nosotros sólo somos el brazo de un cuerpo muy grande que actúa e intenta hacer las cosas lo mejor posible.
Ese brazo ejecutor lo formamos un grupo de amigos unidos por una causa común: mejorar los estándares de vida en poblaciones de países no desarrollados, trabajando in situ. Somos gente de a pie, con nuestras vidas y nuestros trabajos, a veces relacionados o no con la esencia de la actividad de la Asociación. Nuestros trabajos son los que financian nuestros respectivos viajes. Así lo establecen nuestros Estatutos: desde el primer hasta el último euro que recaudamos con los eventos y otras acciones se destinan únicamente a nuestros proyectos.

No es necesario saber de construcción, de pedagogía o de sanidad para colaborar y viajar con nosotros. La mejor palanca de impulso, el mayor valor añadido para estas cosas se encuentra en la VOLUNTAD que sí puede ser un denominador común en todas las personas.

A: ¿Te imaginabas haciendo algo así hace diez años? ¿Qué cambió?
M: Ciertamente no. Creo que como todo en esta vida las cosas ocurren por y para algo. En mi caso, durante mi tiempo en Italia conocí y me integré en una asociación llamada Addiopizzo, cuya inquietud era frenar la extorsión que sufrían los pequeños negocios por parte de la Mafia, principalmente en Sicilia. Ver de primera mano la injusticia social o la desigualdad, y sobre todo ver la fuerza de voluntad de esa gente que sin recibir aparentemente nada a cambio se volcaban tanto con el proyecto, hizo que quisiera más.

Un tiempo después, cuando regresé a España, eché en falta entre otras cosas el tener al menos un pié metido de algún modo en el sector social. Conocí a través de un buen amigo a Gonzalo, un hombre y ahora amigo con muchas ideas y todavía más voluntad. Desde entonces, Lápices y Colores cuenta con nosotros y muchas más gente.

A: ¿Y el trabajo en el banco? ¿Lo dejaste para perseguir este sueño?
M: Es cierto que dejé el banco y lo hice coincidir con el viaje, pero dejar el banco formaba parte de un cambio más global en mi persona. No dejé el trabajo por un viaje ni por un proyecto asociado a Lápices y Colores, era y es algo más personal, ligado a una nueva forma de ser y valorar la vida y las cosas más esenciales. Lápices es una palanca de impulso, un trampolín para potenciar algo que quiero ser y vivir, pero ni el viaje ni la asociación sustituyeron un trabajo. Al final, para lo bueno y para lo malo, sigo viviendo en el mundo occidental y debo ser consecuente con ello.

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A: ¿Cómo han reaccionado tus amigos y familia ante la idea de coger unos sacos llenos de cosas y plantarte en Nepal?
M: La primera persona que me viene a la mente es mi madre. Por supuesto, como a toda madre, un viaje de este estilo le generó cierta preocupación. Quizá no tanto por la inseguridad, ya que procuramos viajar a países con relativa estabilidad política, sino porque países con estándares de vida más bajos suponen menos garantías antes posibles infortunios.
No obstante, la gente de mi entorno no sólo ha aprobado este tipo de acciones sino que han mostrado, en general, bastante interés por nuestro día a día; poco a poco van conociendo y colaborando cada vez más con nuestra causa. Me gustaría añadir que el turismo solidario es algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, quizás por miedo o inseguridad, pero es algo para lo que cualquiera está perfectamente capacitado. Lo que cuenta, como decía antes, es la voluntad.

A: ¿Podrías resumir tu viaje en 3 palabras? 
M: Quizás ni 300 palabras serían suficientes para describir al completo un viaje de este estilo durante casi un mes, pero para responder a tu pregunta diré:
ENRIQUECEDOR, ÚNICO, ACCESIBLE.

A: Para financiar los proyectos en los que vais a colaborar, realizáis acciones y eventos para recaudar fondos. ¿Qué medios de comunicación recomiendas para asociaciones que tengan ideas similares y quieran, de igual manera, organizar actos benéficos?
M: Las redes sociales, están a la orden del día y son fundamentales. No obstante, no podemos olvidar el boca a boca cuando tienes credibilidad y convicción. Las redes sociales llegan indudablemente a más personas, pero por desgracia, a pesar de la esencia del mensaje, en términos relativos se materializa poco la colaboración.

A: Consejo breve para quien se plantee embarcarse en una aventura como la tuya.
M: No lo dudes; la línea de la vida que separa una idea e ilusión de su materialización y realización es más delgada de lo que piensas.


LÁPICES Y COLORES se irá este año a Birmania. ¿Quieres colaborar con ell@s? No te pierdas el próximo Vermouth Solidario en la ciudad de Vigo. Haz click AQUÍ para ver toda la información del evento:

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¡Hasta muy pronto, camaradas!
Andrea

Conoce el proyecto “Camino a Grecia”

Clara, Serxo y María,  de la provincia de Pontevedra, han decidido pasar estas fiestas lejos de casa por una buena causa: denunciar la penosa situación en la que malviven miles de refugiadas y refugiados sirios, concretamente en un campo de Tesalónica. Allí viajarán con una furgoneta llena de medicamentos (que donarán a la ONG Rowing together para su gestión y reparto) y con el objetivo de grabar un reportaje.

Si queréis colaborar con aportaciones económicas, la cuenta bancaria es la siguiente:

ES48 2080 5056 1130 4003 8887

Si te ha gustado este vídeo, no dudes en compartirlo para que más gente conozca el proyecto. Ésta es su página de Facebook: CAMINO A GRECIA

Un abrazo y gracias por seguir ahí :-)

Andrea

Xiro Atlantic Denim – Entrevista

Hoy os traigo una muy buena noticia, sobre todo para l@s galleg@s :-)
Xiro Atlantic Denim es una marca que fabrica pantalones vaqueros en nuestra tierra. En este vídeo Xulián e Iria nos lo explican todo desde Moaña. ¡Id ahorrando porque vais a querer compraros unos!

Gracias por seguir ahí,
Andrea

Entrevista a Queer Avengers

¡Buenas tardes!

¿Sabíais que las nuevas generaciones no sólo se dedican a cazar Pokemon?

Cuesta creerlo, pero todavía hay jóvenes que se indignan ante las injusticias sociales y deciden hacer algo al respecto.

Os dejo un vídeo en el que Irish y Sergio nos cuentan cómo surgió la idea de los Queer Avengers. Seguro que no os deja indiferentes.

¿Conocéis máis canales o blogs que traten estos temas?

Un abrazo y muchas gracias por seguir ahí,

Andrea

Zapatos que no dejan huella

¡Hola a todos!

Tenía muchas ganas de hacer este vídeo porque me encanta lo que vengo a enseñaros. También quería subir nuevo contenido para dar la bienvenida a toda la gente nueva que ha llegado a la página de Facebook.

Por primera vez en mi vida tengo unos zapatos que se han fabricado de la manera más ética posible (respetando a las personas, a los animales y el medio ambiente). Os prometo que llevaba mucho tiempo buscando algo así, evitando comprar a marcas que fabrican sus modelos lejos de nosotros y en condiciones muy sospechosas…

Os recomiendo que echéis un vistazo por la página de Vesica Piscis Footwear y también que veáis el maravilloso vídeo de su campaña aquí:

A new footwear archetype!

Para mí ha sido todo un notición este descubrimiento. ¡Espero que para vosotros también!

Un beso y gracias por seguir ahí :-)

¡Sigamos buscando alternativas juntos!

Andrea

Riquiños en Cáceres

¡Hola a todos!

Hacía muchísimo tiempo que no publicaba ningún vídeo, pero tengo una buena excusa: me he cambiado de país y de trabajo. Todavía me estoy adaptando a la nueva rutina, pero estudiando al mismo tiempo, una no da para más.

He estado poco activa en el blog, pero no han dejado de ocurrírseme ideas y cosas que quería compartir aquí con vosotros, entre ellas, esta boda tan especial.

En Abril me fui a Cáceres, invitada por dos viejos amigos que se casaban. No os cuento más, todo lo importante está en el vídeo. Si queréis seguir sus aventuras, haced click aquí para acceder al blog Formigable y aquí para el artículo de Miriam sobre la preparación de la fiesta.

¿Una boda sostenible? ¡Sí, quiero!

Como siempre, esperando que el vídeo os aporte algo bonito.

Un abrazo primaveral,

Andrea

Algo así como el mejor trabajo del mundo

El mejor trabajo del mundo

(Publicado por primera vez en 2014)

“Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”.

Os suena, ¿no? Yo una vez tuve el mejor trabajo del mundo. Bueno… casi.
Cuando era pequeña quería ser cantante, actriz y, seguramente, princesa. Pero la primera vez que pisé un campamento de verano nació en mí una nueva vocación. Ir a un campamento era como ir a Disneyland. Sabías que durante quince días te lo ibas a pasar teta, haciendo un montón de amigos, practicando deportes nuevos, jugando a cosas divertidísimas y pasando a vivir en una comunidad aislada del mundo exterior, formada por gente muy diferente a ti pero con un objetivo común: disfrutar al máximo del verano y volver a casa con mil y una anécdotas que contar.

Pero si algo me llamaba la atención de todo esto, eran esos simpáticos adultos que, día tras día, estaban al pie del cañón, cantando, bailando y sonriendo por nosotros desde las ocho y media de la mañana, hora en que sonaban por el megáfono las canciones de King Africa a modo de despertador. ¡Qué energía! No eran como mis padres y tampoco eran como mis profesores: eran una mezcla de ambos y suscitaban en mí un cariño y un respeto increíbles. Nos enseñaban, nos cuidaban y nos daban caña en la medida justa para que nos volviéramos cada año un poco más “mayores”. Recuerdo cada bronca y cada momento de afecto. Les importábamos y se notaba; se notaba que hacían su trabajo con cariño y dedicación, incluso un niño de diez años podía darse cuenta.

Les admiraba y por eso supe desde el primer momento que quería ser como ellos. Mi misión no sería otra que conseguir que un gran número de niños pasasen las mejores semanas de sus vidas. Y al cabo de los años conseguí mi título y conseguí ese trabajo tan genial y me dieron ganas de volver al pasado y chocarme las cinco. Es lo bueno de tener sueños bastante alcanzables…

La primera vez que trabajas en un campamento después de haber pasado tu infancia en ellos, la sensación es curiosa; estás al otro lado del escenario. De repente los días no parecen tan cortos y cada hora está cargada de trabajo; las actividades no pueden elegirse al azar, tampoco los juegos; el terreno ya no es un puñado de hierbajos sino la amenaza de posibles heridas e incidentes; cambias la despreocupación por una total dependencia de las condiciones climatológicas y desaparecen las ganas de explorar en medio de la noche dando lugar a una imperiosa necesidad de dormir. Sólo dormir. Cerrar los ojos y dormir. Y por este último detalle he puesto el “casi” al principio del artículo. Yo, que necesito ocho horas de sueño para ser persona, estoy segura de que la única razón por la cual he sobrevivido es porque adoraba lo que hacía.

Pasar el día al aire libre es un privilegio, sobre todo cuando estás en Galicia. Respirábamos aire puro nada más levantarnos y la primera actividad que hacíamos era bailar y estirarnos bien, para empezar la jornada con las pilas cargadas. Desayunábamos, comíamos y cenábamos todos juntos y aunque el sonido de cien personas hablando a la vez es algo molesto, fue una de las cosas que más eché de menos al terminar. Nos pasábamos el día haciendo teatro, cantando, riendo y haciendo manualidades. También dando sermones, cuando era necesario, a esas personitas que estaban a nuestro cargo. Nos duchábamos cada mañana pero llegábamos a la noche llenos de polvo y tierra, eso sí, habiéndonos divertido mucho. Nos divertíamos tanto o más que ellos. Y nos estrujábamos el cerebro para tener siempre una historia que contar, un personaje al que interpretar y una nueva lección que pudiéramos esconder en el siguiente juego. Se podía decir que me “dolía” la imaginación de tanto usarla, pero me sentía más viva que nunca. Y me pagaban (¡aunque menos de lo que me gustaría!).

Si os gustan los niños, la naturaleza y las actividades artísticas o deportivas, estaréis de acuerdo conmigo en que éste es el mejor trabajo de verano del mundo. Y si además os tocan unos compañeros como los míos, de los que tanto aprendí, no podéis pedir más. Es agotador, pero merece la pena. Y hoy, en pleno invierno, solo puedo recordarlo con una gran sonrisa y con la esperanza de volver a repetir esta experiencia muy pronto. Porque la vida pirata, es la vida mejor…

Andrea

Menos glamour y más amour

El domingo pasado vi el programa de Jordi Évole. Me alegro de que haya vuelto Salvados, salpicando los hogares españoles con un poquito de realidad cada semana.

Invité a mi amiga a verlo conmigo y me contestó que allí estaría, para indignarnos juntas delante del televisor, una vez más. Sabíamos que no iban a contarnos nada nuevo, porque en ese tema ya nos habíamos informamos lo suficiente (hoy en día, no se informa quien no quiere) pero nos interesaba conocer el mensaje que se estaría lanzando al resto de gente, deseando que entre la audiencia se encontrasen muchos compradores compulsivos de ropa.

Me imagino que si estás leyendo este blog es porque a veces utilizas tu maravilloso cerebro y te planteas cambiar algunas cosas que sabes que no están bien. Aunque, si has llegado aquí por casualidad, te invito a que te quedes igualmente y reflexiones un poquito conmigo.

Tranquilízate, no soy un ejemplo de nada; mientras escribo esto llevo puesto un pijama de una marca muy conocida y muy barata.

Cuando me informé un poco sobre el origen de las prendas de ropa que a diario todos vestimos, empecé a sentir cierta aversión por la industria de la moda. Al descubrir quién fabrica (y cómo se fabrican) los modelitos de las marcas que llevo consumiendo desde los quince años, empecé a reducir drásticamente el número de veces que me iba de tiendas. Esto no resolvía el problema, claro, pero lo aminoraba.

¡Ah, claro! El problema… Empecemos por el principio. Una empresa que quiera tener muchos beneficios, necesita tener muchos más ingresos que costes. Es decir, que cuanto más barato le salga fabricar un vestido, y más caro lo venda en la tienda, más dinero habrá ganado con el proceso.
El salario que se paga a los trabajadores es uno de los costes más importantes que tiene que afrontar una empresa, y viene determinado, entre otras cosas, por el salario mínimo interprofesional (más conocido como SMI) de cada país. Si una marca de ropa se instala en un país donde el SMI sea muy bajo (donde paga muy poco a sus trabajadores) y vende los productos fabricados allí a un país donde el SMI y la renta sean más altas, habrá hecho el negocio del siglo. Tomo el ejemplo de la trabajadora camboyana a la que Jordi Évole entrevista en su programa:

  • Salario que la empresa textil paga a la trabajadora: 140 dólares/mes
  • Precio al que la empresa vende una camisa en EEUU: 23 dólares/unidad
  • Número de camisas fabricadas por una trabajadora cada mes: 1,100 unidades

Es decir, que para cubrir el coste del salario de esta persona, la empresa solamente necesita vender unas 6 o 7 camisas (¡de las 1,100 que se producen!) algo que no pasaría si las fábricas estuviesen en España y no en Camboya. Por lo tanto, localizar una fábrica en Asia es muchísimo más rentable económicamente y es una conducta lógica para alguien que quiera ganar mucho dinero. En eso todos estamos de acuerdo.

Pero tú ya sabes que no se vive igual en Camboya que en Madrid.

Los testimonios recogidos en este programa (una de tantas fuentes donde puedes informarte) reflejan las largas jornadas de trabajo, las malas condiciones laborales y el escaso poder adquisitivo de los trabajadores de la industria textil en Asia, que normalmente comparten viviendas muy modestas entre varias personas. Las cosas fuera de la factoría tampoco son demasiado fáciles, ya que, por ejemplo, para llegar a ella no hay línea de metro que puedan coger mientras leen tranquilamente el periódico.

O sea, lo que vengo a decir es que las personas que fabrican la mayoría de tu ropa y calzado, tienen una vida de mierda. Si no quieren ese trabajo, que no lo hagan, ¿no? Pero, si tienen que escoger entre ser explotados (por alguien que está forrado de dinero) o vivir en la miseria, ¿qué opción les queda? ¿Alguna de las compañías que allí se instalan intenta mejorar el entorno de esta gente o sólo se preocupan de llenarse los bolsillos?

A ese problema me refería antes.
Nosotros, estrenando ropa cada semana, regocijándonos con los precios tan asequibles, yendo de compras porque sí, porque esta chaqueta ya está gastada, porque acabo de cobrar, porque he trabajado duro y me lo merezco, porque por fin voy a quedar con ese chico, porque ha salido el sol y toca renovar el armario un poco, porque estoy deprimido y necesito subirme la moral…
Ellos, trabajando durante 8, 10 o más horas al día en la fábrica , sin vacaciones, con un día libre a la semana, cobrando una miseria de sueldo que apenas cubre sus necesidades básicas,…

Esa chica que sale en el programa tiene la piel un poco más oscura que yo, vive en un sitio más cálido y habla una lengua que me es extraña, pero me niego a creer que no le gustaría disfrutar de más tiempo con sus hijos, de unas vacaciones con su pareja, de una seguridad laboral decente, de un sueldo que le permitiese vivir tranquila, de un fin de semana de conciertos y películas o de rica comida en un restaurante. Me niego a aceptar que nos merecemos vidas tan diferentes.

Sé que es difícil ser un consumidor ético; es un peñazo ponerse a buscar marcas que garanticen las buenas condiciones en las que se fabrican sus productos y, por supuesto, es más caro comprar ropa y complementos que no conlleven una explotación humana en su confección pero, ¿acaso se le puede poner un precio a la dignidad?

No sé a ti, pero a mí ya no me vale sentirme guapa por fuera con tanto trapito, sabiendo que todo mi glamour esconde un aspecto tan tétrico. Me propongo buscar alternativas, por ejemplo, a través de talleres y diseñadores locales, tiendas de segunda mano, reciclaje de prendas viejas, marcas de comercio justo… O incluso siendo más exigente con las marcas de siempre.

No va a ser un cambio fácil, sobre todo en una sociedad en la que se le da mucha más importancia al aspecto físico que a los valores humanos. Pero si los jóvenes, con toda nuestra energía, no tomamos riesgos ni intentamos tomar caminos nuevos, ¿quién lo hará?

Nadie dijo que fuera fácil

Aloha!

Hace dos años dejé el blog donde escribía para empezar este experimento audiovisual; con el nuevo formato pretendía llegar a más gente y de manera más rápida. Pero echo mucho de menos los artículos, así que volveré a escribir para los menos perezosos que aún se animen a leerme.

Con este texto de 2014 pretendo que todos empecemos los nuevos proyectos de este año con un poquito menos de miedo.

¡Gracias por seguir ahí!


 

Si algo puede salir mal, saldrá mal.

Siempre lo he creído, y eso que me dicen a menudo que soy una persona optimista (la última vez, cuando se estropeó mi calentador y le contaba a un amigo mi divertida experiencia medieval duchándome con la ayuda de unas cacerolas). En mi opinión, no está reñido; ser optimista no significa creer que todo vaya a salir bien, sino saber que, incluso el hecho de que las cosas salgan mal, puede traer consecuencias positivas (o no demasiado catastróficas).

Y es que hay muchas cosas que salen mal -demasiadas- y sería una pena pasar la vida lamentándose. Cuando le contamos un problema a nuestros amigos, por ejemplo, ¿qué es lo que nos dicen siempre? Que el pasado es pasado y nada podemos hacer por cambiarlo, que sigamos adelante. Claro, es fácil decirlo -pensaréis- cuando no eres tú a quien acaba de dejar su pareja, o a quien acaban de robarle el móvil, o a quien acaba de quemársele el pastel en el horno… Qué fácil es decir que “la vida continúa”, que “hay más peces en el mar”, o que “no es para tanto” cuando el problema no es tuyo. Pero tú le dirás exactamente lo mismo a esas personas cuando atraviesen un momento difícil.

Porque todos sabemos de sobra que lo mejor es siempre pasar página, pero nos cuesta. Sabemos que de nada vale quedarse estancado o quejarse demasiado, pero nos encanta revolcarnos en nuestros pensamientos más melancólicos y tener una excusa para no levantarnos del sofá en muchos días. Si pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, yo creo que nos pasamos por lo menos otro tercio más dándole vueltas a cosas que ya no está en nuestras manos cambiar. Y dos tercios de una vida, tengas la edad que tengas, es mucho tiempo.

Ojo, que a mí me gustan las pequeñas depresiones momentáneas y no me las cargaría. Así como creo necesario controlar los enfados, no creo que haya que poner límite a las lágrimas. Llorar es como ir al baño, ¿no? Lo haces sin que nadie te vea y te quedas mucho mejor al terminar. Unos ojos que empiezan a estar vidriosos indican que una pena está llamando a la puerta, desde dentro, para poder salir. Yo soy de ésas que además ponen música triste para favorecer el drenaje; si se llora hay que llorar bien.

Pero volviendo a la forma en que afrontamos los contratiempos, creo que nos iría mucho mejor si asumiéramos que nuestras vidas se rigen por la ley de Murphy. De hecho, creo que ésa es la única manera de escapar a su influjo. Está claro que no controlamos nada de lo que ocurre. Para empezar, ¿quiénes somos?, ¿adónde vamos?, ¿de dónde venimos? Pues eso (perdón si os duele la cabeza). No somos responsables de nada de lo que nos ocurre y aún así no dejan de pasarnos cosas malas, a veces cuando creemos que en absoluto las merecemos. Está claro que alguien nos vacila. ¿El universo? Quizás. ¡También nos pasan muchas cosas buenas! -diréis-. Sí, sí, pero cuando al universo se le antoja. Vamos, que nos vacila. Es como ese chico que nos regala bombones un día y se pasa un mes sin aparecer. ¿Va a irnos bien en la vida sólo por el hecho de que nuestras intenciones sean buenas? ¿se van a cumplir todas nuestras expectativas sólo por el hecho de que tengamos muchas ganas de que así sea? No, no lo creo. Yo, al menos, ya he comprobado que no.

De verdad, eres más feliz cuando aceptas que tu vida se rige por la ley de Murphy; pasas de cabrearte a reírte de ti mismo cuando las cosas no salen como querías. Te ahorras saliva, disgustos y seguramente muchas arrugas en la frente. No me estoy refiriendo a episodios traumáticos; no creo que nadie sea capaz de superar el dolor de perder a un familiar cantando Hakuna Matata. Me refiero a todas esas cosas que, día tras día, nos sacan de quicio provocándonos estrés, malestar y confrontaciones con los demás que pueden derivar en actos desafortunados. Coches que no frenan ante un paso de peatones, tormentas que se desatan cuando salimos de la peluquería, imprevistos que nos impiden irnos de vacaciones, discusiones, bebés que lloran en el transporte público, manchas de tomate en el vestido nuevo, vecinos que jalean la noche antes a un examen, ataques verbales, etc, etc, etc.

Me imagino cada uno de esos sucesos como globos de agua que alguien lanza a nuestras manos; nuestra manera de recibirlos determina si el globo explotará, salpicándonos a nosotros y a los que están alrededor o si por el contrario se quedará intacto, provocándonos apenas un ligero cosquilleo en el impacto. En cinco años, ¿te acordarás de este día y de por qué te enfadaste? Apuesto a que no. ¿Para qué detonar esa bomba entonces?

No, no tenemos el control sobre casi nada de lo que ocurre fuera, pero podemos controlar nuestras emociones. Aceptar que estamos a merced del universo no hará que dejen de ocurrirnos putadas, pero todo lo que ocurra empezará a tener una importancia relativa. Porque seguramente a ti también te ha pasado, ¿verdad? que has visto una foto de nuestra galaxia y has pensado: “soy una maldita mota de polvo flotando en la inmensidad de la vía láctea”.

Sonreír ante un problema no va a solucionarlo, pero qué gran sensación ésa de estar desafiando a quien quiera que haya decidido que nada salga según lo previsto.

Andrea

Reutilizando cajas de cereales

¡Buenos días a tod@s!

Éste es el primer vídeo del año. Uno de mis propósitos para 2016 es compartir más contenido relacionado con la ecología, un tema que me interesa desde hace mucho tiempo. ¡El planeta también necesita superhéroes anónimos!

Me encanta reutilizar materiales y servirme de ellos en mi vida cotidiana. En este caso, os muestro algunas de las cosas que suelo hacer con los cartones de los cereales. Consumo tantos paquetes al año que tirarlos a la basura sería un “delito ecológico”.

Espero daros alguna idea útil :-)

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¡Feliz año nuevo!

Andrea

Noelia sí puede votar


Noelia, una gallega en Australia, nos cuenta lo difícil que es votar en España cuando te encuentras en el extranjero. Menos mal que los miembros de la plataforma Marea Granate no se han quedado de brazos cruzados y han encontrado una solución que, aún lejos de ser definitiva, es innovadora e inteligente.

¡Enhorabuena por ese voto rescatado!

Sabela lo tiene claro

 

¿Alguna vez os habíais planteado hacer voluntariado con personas mayores? Sabela Mallo, psicóloga por la Universidad de Santiago de Compostela, nos acerca un poco a este tipo de actividades que a ella tanto le aportan. Y según nos cuenta… ¡Los mayores no muerden!
Quizás después de ver el vídeo tenéis más ganas de probar :)

¡Gracias, Sabela!

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