Xiro Atlantic Denim – Entrevista

Hoy os traigo una muy buena noticia, sobre todo para l@s galleg@s :-)
Xiro Atlantic Denim es una marca que fabrica pantalones vaqueros en nuestra tierra. En este vídeo Xulián e Iria nos lo explican todo desde Moaña. ¡Id ahorrando porque vais a querer compraros unos!

Gracias por seguir ahí,
Andrea

Entrevista a Queer Avengers

¡Buenas tardes!

¿Sabíais que las nuevas generaciones no sólo se dedican a cazar Pokemon?

Cuesta creerlo, pero todavía hay jóvenes que se indignan ante las injusticias sociales y deciden hacer algo al respecto.

Os dejo un vídeo en el que Irish y Sergio nos cuentan cómo surgió la idea de los Queer Avengers. Seguro que no os deja indiferentes.

¿Conocéis máis canales o blogs que traten estos temas?

Un abrazo y muchas gracias por seguir ahí,

Andrea

Zapatos que no dejan huella

¡Hola a todos!

Tenía muchas ganas de hacer este vídeo porque me encanta lo que vengo a enseñaros. También quería subir nuevo contenido para dar la bienvenida a toda la gente nueva que ha llegado a la página de Facebook.

Por primera vez en mi vida tengo unos zapatos que se han fabricado de la manera más ética posible (respetando a las personas, a los animales y el medio ambiente). Os prometo que llevaba mucho tiempo buscando algo así, evitando comprar a marcas que fabrican sus modelos lejos de nosotros y en condiciones muy sospechosas…

Os recomiendo que echéis un vistazo por la página de Vesica Piscis Footwear y también que veáis el maravilloso vídeo de su campaña aquí:

A new footwear archetype!

Para mí ha sido todo un notición este descubrimiento. ¡Espero que para vosotros también!

Un beso y gracias por seguir ahí :-)

¡Sigamos buscando alternativas juntos!

Andrea

Bajo el mismo firmamento

 

Hoy es un día muy bonito y muy importante para los gallegos y gallegas que amamos nuestra cultura: es el día de las Letras Galegas.

A pesar de ser nula con la guitarra, quise escribir una canción para celebrar el paraíso en el que he nacido, y al mismo tiempo solidarizarme con todos los que en este momento huyen de sus hogares a través del mar, para alcanzar la añorada paz que hace tiempo les arrebataron. Una paz que, por suerte, nosotros disfrutamos cada día.

Os dejo aquí la letra, que intentaré traducir pronto al inglés:

“Vinte voltas a Lourenzo,
madurando o pensamento,
fixéronme hoxe acordar
que de risos e lamento
xente, lendas e momentos
vaise facendo un fogar.

Sei que Galiza é singular:
recuncho de loitadores,
cantadores de alalás.
Leva música no vento
Leva maxia no falar.

Mais permite que dubide
que sexan moi diferentes
mais ó sur de Portugal.
Compartindo sentimento
baixo o mesmo ceo aberto
que non deixa de abraiar.

Moitas voltas deu a lúa
e a bandeira que era túa
con folgos quero ondear.
Vou derruba-la fronteira.
Vén cantar á miña beira,
ésta choiva ha de amizar!

Din que Galiza é singular.
Dou grazas por ter a sorte
de crecer nunha postal
Súas cores danme forza
E a ledicia cheira o mar.

Mais permite que dubide
que sexamos diferentes
dos que están tralo Courel.
Compartimos sentimento
baixo o mesmo firmamento
ése que nos viu nacer.

Sei que Galiza é singular,
recuncho de soñadores,
folieiros, os que mais!

Súas cores danme vida,
e a marea dame paz…”

Espero que os guste, sobre todo a los compatriotas.

Con cariño,

Andrea

Riquiños en Cáceres

¡Hola a todos!

Hacía muchísimo tiempo que no publicaba ningún vídeo, pero tengo una buena excusa: me he cambiado de país y de trabajo. Todavía me estoy adaptando a la nueva rutina, pero estudiando al mismo tiempo, una no da para más.

He estado poco activa en el blog, pero no han dejado de ocurrírseme ideas y cosas que quería compartir aquí con vosotros, entre ellas, esta boda tan especial.

En Abril me fui a Cáceres, invitada por dos viejos amigos que se casaban. No os cuento más, todo lo importante está en el vídeo. Si queréis seguir sus aventuras, haced click aquí para acceder al blog Formigable y aquí para el artículo de Miriam sobre la preparación de la fiesta.

¿Una boda sostenible? ¡Sí, quiero!

Como siempre, esperando que el vídeo os aporte algo bonito.

Un abrazo primaveral,

Andrea

Algo así como el mejor trabajo del mundo

El mejor trabajo del mundo

(Publicado por primera vez en 2014)

“Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”.

Os suena, ¿no? Yo una vez tuve el mejor trabajo del mundo. Bueno… casi.
Cuando era pequeña quería ser cantante, actriz y, seguramente, princesa. Pero la primera vez que pisé un campamento de verano nació en mí una nueva vocación. Ir a un campamento era como ir a Disneyland. Sabías que durante quince días te lo ibas a pasar teta, haciendo un montón de amigos, practicando deportes nuevos, jugando a cosas divertidísimas y pasando a vivir en una comunidad aislada del mundo exterior, formada por gente muy diferente a ti pero con un objetivo común: disfrutar al máximo del verano y volver a casa con mil y una anécdotas que contar.

Pero si algo me llamaba la atención de todo esto, eran esos simpáticos adultos que, día tras día, estaban al pie del cañón, cantando, bailando y sonriendo por nosotros desde las ocho y media de la mañana, hora en que sonaban por el megáfono las canciones de King Africa a modo de despertador. ¡Qué energía! No eran como mis padres y tampoco eran como mis profesores: eran una mezcla de ambos y suscitaban en mí un cariño y un respeto increíbles. Nos enseñaban, nos cuidaban y nos daban caña en la medida justa para que nos volviéramos cada año un poco más “mayores”. Recuerdo cada bronca y cada momento de afecto. Les importábamos y se notaba; se notaba que hacían su trabajo con cariño y dedicación, incluso un niño de diez años podía darse cuenta.

Les admiraba y por eso supe desde el primer momento que quería ser como ellos. Mi misión no sería otra que conseguir que un gran número de niños pasasen las mejores semanas de sus vidas. Y al cabo de los años conseguí mi título y conseguí ese trabajo tan genial y me dieron ganas de volver al pasado y chocarme las cinco. Es lo bueno de tener sueños bastante alcanzables…

La primera vez que trabajas en un campamento después de haber pasado tu infancia en ellos, la sensación es curiosa; estás al otro lado del escenario. De repente los días no parecen tan cortos y cada hora está cargada de trabajo; las actividades no pueden elegirse al azar, tampoco los juegos; el terreno ya no es un puñado de hierbajos sino la amenaza de posibles heridas e incidentes; cambias la despreocupación por una total dependencia de las condiciones climatológicas y desaparecen las ganas de explorar en medio de la noche dando lugar a una imperiosa necesidad de dormir. Sólo dormir. Cerrar los ojos y dormir. Y por este último detalle he puesto el “casi” al principio del artículo. Yo, que necesito ocho horas de sueño para ser persona, estoy segura de que la única razón por la cual he sobrevivido es porque adoraba lo que hacía.

Pasar el día al aire libre es un privilegio, sobre todo cuando estás en Galicia. Respirábamos aire puro nada más levantarnos y la primera actividad que hacíamos era bailar y estirarnos bien, para empezar la jornada con las pilas cargadas. Desayunábamos, comíamos y cenábamos todos juntos y aunque el sonido de cien personas hablando a la vez es algo molesto, fue una de las cosas que más eché de menos al terminar. Nos pasábamos el día haciendo teatro, cantando, riendo y haciendo manualidades. También dando sermones, cuando era necesario, a esas personitas que estaban a nuestro cargo. Nos duchábamos cada mañana pero llegábamos a la noche llenos de polvo y tierra, eso sí, habiéndonos divertido mucho. Nos divertíamos tanto o más que ellos. Y nos estrujábamos el cerebro para tener siempre una historia que contar, un personaje al que interpretar y una nueva lección que pudiéramos esconder en el siguiente juego. Se podía decir que me “dolía” la imaginación de tanto usarla, pero me sentía más viva que nunca. Y me pagaban (¡aunque menos de lo que me gustaría!).

Si os gustan los niños, la naturaleza y las actividades artísticas o deportivas, estaréis de acuerdo conmigo en que éste es el mejor trabajo de verano del mundo. Y si además os tocan unos compañeros como los míos, de los que tanto aprendí, no podéis pedir más. Es agotador, pero merece la pena. Y hoy, en pleno invierno, solo puedo recordarlo con una gran sonrisa y con la esperanza de volver a repetir esta experiencia muy pronto. Porque la vida pirata, es la vida mejor…

Andrea

Menos glamour y más amour

El domingo pasado vi el programa de Jordi Évole. Me alegro de que haya vuelto Salvados, salpicando los hogares españoles con un poquito de realidad cada semana.

Invité a mi amiga a verlo conmigo y me contestó que allí estaría, para indignarnos juntas delante del televisor, una vez más. Sabíamos que no iban a contarnos nada nuevo, porque en ese tema ya nos habíamos informamos lo suficiente (hoy en día, no se informa quien no quiere) pero nos interesaba conocer el mensaje que se estaría lanzando al resto de gente, deseando que entre la audiencia se encontrasen muchos compradores compulsivos de ropa.

Me imagino que si estás leyendo este blog es porque a veces utilizas tu maravilloso cerebro y te planteas cambiar algunas cosas que sabes que no están bien. Aunque, si has llegado aquí por casualidad, te invito a que te quedes igualmente y reflexiones un poquito conmigo.

Tranquilízate, no soy un ejemplo de nada; mientras escribo esto llevo puesto un pijama de una marca muy conocida y muy barata.

Cuando me informé un poco sobre el origen de las prendas de ropa que a diario todos vestimos, empecé a sentir cierta aversión por la industria de la moda. Al descubrir quién fabrica (y cómo se fabrican) los modelitos de las marcas que llevo consumiendo desde los quince años, empecé a reducir drásticamente el número de veces que me iba de tiendas. Esto no resolvía el problema, claro, pero lo aminoraba.

¡Ah, claro! El problema… Empecemos por el principio. Una empresa que quiera tener muchos beneficios, necesita tener muchos más ingresos que costes. Es decir, que cuanto más barato le salga fabricar un vestido, y más caro lo venda en la tienda, más dinero habrá ganado con el proceso.
El salario que se paga a los trabajadores es uno de los costes más importantes que tiene que afrontar una empresa, y viene determinado, entre otras cosas, por el salario mínimo interprofesional (más conocido como SMI) de cada país. Si una marca de ropa se instala en un país donde el SMI sea muy bajo (donde paga muy poco a sus trabajadores) y vende los productos fabricados allí a un país donde el SMI y la renta sean más altas, habrá hecho el negocio del siglo. Tomo el ejemplo de la trabajadora camboyana a la que Jordi Évole entrevista en su programa:

  • Salario que la empresa textil paga a la trabajadora: 140 dólares/mes
  • Precio al que la empresa vende una camisa en EEUU: 23 dólares/unidad
  • Número de camisas fabricadas por una trabajadora cada mes: 1,100 unidades

Es decir, que para cubrir el coste del salario de esta persona, la empresa solamente necesita vender unas 6 o 7 camisas (¡de las 1,100 que se producen!) algo que no pasaría si las fábricas estuviesen en España y no en Camboya. Por lo tanto, localizar una fábrica en Asia es muchísimo más rentable económicamente y es una conducta lógica para alguien que quiera ganar mucho dinero. En eso todos estamos de acuerdo.

Pero tú ya sabes que no se vive igual en Camboya que en Madrid.

Los testimonios recogidos en este programa (una de tantas fuentes donde puedes informarte) reflejan las largas jornadas de trabajo, las malas condiciones laborales y el escaso poder adquisitivo de los trabajadores de la industria textil en Asia, que normalmente comparten viviendas muy modestas entre varias personas. Las cosas fuera de la factoría tampoco son demasiado fáciles, ya que, por ejemplo, para llegar a ella no hay línea de metro que puedan coger mientras leen tranquilamente el periódico.

O sea, lo que vengo a decir es que las personas que fabrican la mayoría de tu ropa y calzado, tienen una vida de mierda. Si no quieren ese trabajo, que no lo hagan, ¿no? Pero, si tienen que escoger entre ser explotados (por alguien que está forrado de dinero) o vivir en la miseria, ¿qué opción les queda? ¿Alguna de las compañías que allí se instalan intenta mejorar el entorno de esta gente o sólo se preocupan de llenarse los bolsillos?

A ese problema me refería antes.
Nosotros, estrenando ropa cada semana, regocijándonos con los precios tan asequibles, yendo de compras porque sí, porque esta chaqueta ya está gastada, porque acabo de cobrar, porque he trabajado duro y me lo merezco, porque por fin voy a quedar con ese chico, porque ha salido el sol y toca renovar el armario un poco, porque estoy deprimido y necesito subirme la moral…
Ellos, trabajando durante 8, 10 o más horas al día en la fábrica , sin vacaciones, con un día libre a la semana, cobrando una miseria de sueldo que apenas cubre sus necesidades básicas,…

Esa chica que sale en el programa tiene la piel un poco más oscura que yo, vive en un sitio más cálido y habla una lengua que me es extraña, pero me niego a creer que no le gustaría disfrutar de más tiempo con sus hijos, de unas vacaciones con su pareja, de una seguridad laboral decente, de un sueldo que le permitiese vivir tranquila, de un fin de semana de conciertos y películas o de rica comida en un restaurante. Me niego a aceptar que nos merecemos vidas tan diferentes.

Sé que es difícil ser un consumidor ético; es un peñazo ponerse a buscar marcas que garanticen las buenas condiciones en las que se fabrican sus productos y, por supuesto, es más caro comprar ropa y complementos que no conlleven una explotación humana en su confección pero, ¿acaso se le puede poner un precio a la dignidad?

No sé a ti, pero a mí ya no me vale sentirme guapa por fuera con tanto trapito, sabiendo que todo mi glamour esconde un aspecto tan tétrico. Me propongo buscar alternativas, por ejemplo, a través de talleres y diseñadores locales, tiendas de segunda mano, reciclaje de prendas viejas, marcas de comercio justo… O incluso siendo más exigente con las marcas de siempre.

No va a ser un cambio fácil, sobre todo en una sociedad en la que se le da mucha más importancia al aspecto físico que a los valores humanos. Pero si los jóvenes, con toda nuestra energía, no tomamos riesgos ni intentamos tomar caminos nuevos, ¿quién lo hará?